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Escena de El dragón de oro, en el ICPNA. (Foto: Difusión).

El dragón de oro

Publicado: 2012-04-18

El dragón de oro

Escribe CARLOS M. SOTOMAYOR

A MEDIADOS DE FEBRERO pude ver finalmente El dragón de oro. Causas ajenas a mi voluntad me impidieron verla el año anterior cuando se estrenó en la sala de teatro del Instituto Goethe. La suerte corrió de mi lado y la obra fue repuesta en el ICPNA de Miraflores. Escrita por el dramaturgo alemán Roland Schimmelpfenning, El dragón rojo es una obra que gira en torno a los personajes que trabajan en la cocina de un restaurante de comida oriental.

Se trata de personajes  que cargan, cada uno, el peso de sus propios dramas personales. Así podemos ver, por ejemplo, a un joven ayudante de cocina que padece un terrible dolor de muela pero que, sin embargo, no puede acudir a ningún hospital: se trata de un inmigrante que no posee documentación en regla. Temas como el abuso, la inmigración, el desarraigo, entre otros, se van sucediendo en esta historia plagada de pequeñas historias que nos interpelan, que nos conmueven pero que al mismo tiempo nos conducen hacia una reflexión profunda sobre la injusticia del mundo.

Jorge Villanueva, el director, ha logrado una estupenda puesta en escena –una de las mejores que he visto en los últimos años–. Hace algún tiempo atrás vi La noche árabe y pude corroborar, in situ, aquellos buenos comentarios que había escuchado sobre su particular propuesta escénica. Propuesta personalísima que, incluso, no abandonó cuando le tocó dirigir una pieza infantil en el Teatro La Plaza. Y El dragón de oro es, sin duda, la consolidación de su trabajo de director. Es por ello que no quise comenzar este blog sin dejar de pergeñar algunas líneas sobre este montaje que me sedujo de principio a fin. Y eso se agradece.


Escrito por

Carlos M. Sotomayor

Escritor y periodista. Ha escrito en diarios y revistas como Expreso, Correo, Dedo medio, Buen salvaje. Enseña en ISIL.


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ojos de videotape

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